Descripción
Gay Talese: ejemplo profesional y personal
Por Joaquín Botero
La primera vez que oí hablar de Gay Talese fue recién graduado del bachillerato, cuando una periodista que leyó alguna porquería que yo había escrito pensando que era la gran cosa me dijo que debía aprender a escribir y anotó a Talese en una lista de autores que había que leer.
Ya que no pasé el examen de admisión para Comunicación Social y Periodismo en la Universidad de Antioquia, tuve que cursar tres años de Sociología antes de lograr la transferencia. En esos tres años no oí hablar de Talese, pero sí de otros autores de los que nunca quiero volver a saber nada como Foucault, Hegel, Max Weber y Habermas. De la Comunicación Social y Periodismo sólo me interesada lo segundo, y exclusivamente lo que tuviera que ver con escribir. Entre el cambio de carreras vine por primera vez de paseo a Nueva York, a donde mi mamá había venido a trabajar para que mi hermana y yo pudiéramos estudiar. A mi regreso, tras el impacto de la primera visita, inicié los primeros cursos de periodismo en los que el tal Talese estaba entre los autores para leer. El primer libro suyo que leí fue Fama y Oscuridad en el que aparecen muchos de los famosos perfiles que escribió, un reportaje extenso sobre la construcción del puente Verrazano y la sección Nueva York, una jornada de hallazgos casuales, que recoge las mejores piezas de su época como reportero de The New York Times.
Experimenté una iluminación vocacional, una cándida certeza de que ése era el tipo de periodismo que yo quería aprender a hacer y ejercer: el recuento de lo cotidiano y de las vidas de personajes anónimos, escrito con tal sencillez y claridad que cualquiera persona pudiera entender. Un periodismo ameno e instructivo que muestra un mundo desconocido y unos personajes distantes y los hace visibles, como un cuadro memorable, como un filme emocionante. Ese factor visual fue el que me encadenó a la obra de Talese. Y la simpleza, que por simple, parece sospechosa para ciertos lectores que se han acostumbrado a que la densidad, lo críptico, las abstracciones, las metáforas y las alusiones ambiguas, sean sinónimo de calidad y profundidad.
Durante los años siguientes de la carrera seguí leyendo y aprendiendo de los libros de Talese, siempre fascinado con cualquiera de los tópicos: la revolución sexual, la mafia ítaloamericana, la historia de The New York Times. Los últimos años, desde que me radiqué en Nueva York, he leído sus dos últimos libros en inglés. Talese es un poeta de lo ordinario: bien sea para escribir sobre seres ordinarios en circunstancias extraordinarias o acerca de las vidas ordinarias de personas extraordinarias. La sencillez por la que lucha Talese en su escritura, acompañada de un tono agraciado y comprensible, la compara con la manera en que el beisbolista Joe Dimaggio llegaba justo a tiempo para atrapar las bolas sin que se le notara el esfuerzo.
Otro factor que me ha hecho mantener a Talese entre los autores favoritos y paradigmas a seguir es su fidelidad al periodismo. A diferencia de otros de los periodistas norteamericanos que me marcaron como Truman Capote, Norman Mailer y Tom Wolfe, Talese nunca ha tenido interés en la ficción. A la distancia, un embeleco en el que también caen muchos buenos periodistas colombianos o hispanoamericanos que creen que la mejor manera de abordar una gran historia real es apoyándose en los recursos facilistas de la imaginación. ¡Viva el periodismo!
La gran enseñanza de Gay Talese viene del infatigable reportero cuyos libros son el producto de extensa investigación. Talese puede tomarse años con sus sujetos, "tratando de volverse su compañía y viajando a través del tiempo para ver lo que ellos ven". Para él, la exactitud es el principal objetivo.
Tuve la grata experiencia de entrevistar a Talese en su casa. Que importa la obra y no el artista puede ser verdad. Pero que la calidad personal del artista también importa lo atestigüé yo ante semejante caballero: un hombre sabio, amable y respetuoso. Quizás la única persona que me ha llamado Mister Botero. Gracias por su obra y su persona, señor Talese.
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